¿Por qué restaurar una Islo?

Las motocicletas mexicanas son un auténtico reto para quien decide volverlas a su estado original, y da grandes satisfacciones durante y después del proyecto

Historia de Daniel Contreras

Aunque fueron inventadas para dar utilidad, las motocicletas son pasión, y las clásicas se han convertido en un gusto, para cubrir aquello que dicen: el hombre no crece, simplemente sus juguetes, o algo así.

Al momento de rescatar una motocicleta, ¿qué nos lleva a decidir por uno u otro modelo, de los miles que hay en el mercado? Nos podemos definir por uno vistoso, uno que nos regalaron o por aquel que mejores recuerdos nos trae, entre otros factores.
¿Por qué una Islo?, sí, es una moto chica, que pocos quieren y que no luce tanto ante una alemana, que por malinchismo nos atrae más “oh es de Alemania”, o inglesa, o Harley.
El volver a la utilidad a una Islo es un reto, un gusto, pues de lograr el objetivo de restaurarla hay muchas historias y leyendas en cada uno de sus fierros. Es parte de la historia de nuestro país y ha estado en nuestras vidas de alguna u otra manera.
El reto: Como hay poca documentación oficial de las motos mexicanas, incluyendo Carabela, es un desafío repararla al 100 por ciento una de estas máquinas. Se debe recurrir a revistas, periódicos, películas y demás documentación de la época.
No es tan fácil como reparar una Triumph, por ejemplo, donde basta con entrar a Internet buscar una página web, hacer el pedido y encuentras hasta el tornillo más insignificante o un motor completo y cerrado, piezas que te llegarán a la comunidad de tu domicilio o del mecánico que la repara, todas nuevas, pero réplicas.
Por ello una moto Islo es más original, ya que la mayoría de sus ensambles tienen la misma edad que la motocicleta completa. La pasión se vuelve en desafío y se compra hasta una moto por tener el faro original.
También se debe enfrentar la decisión de colores, para estar lo más apegado posible a su estado original. Para ello se realiza un trabajo de arqueología. Hay que escarbar las pinturas que tiene encima para encontrar el color. También se acude a películas de la época para tener una idea de cómo eran.
No ocurre lo mismo con otros modelos. Harley tiene cientos de libros al respecto, o la BMW, pues todas las que se vendieron en México eran negras, no hay pierde, esto debido a que el exportador sólo le gustó ese color, de ahí su sobrenombre de “Zopilotas”, aunque la variante no era para jalarse el cabello, sólo salió en negro, rojo y azul.
Te dan identidad: Originalmente la Islo fue creada para dar un servicio a los mexicanos, de ahí que eran motos de trabajo, eliminando las pocas deportivas. Las que encontramos sin restaurar, en su tinta, la mayor de las veces tienen soldaduras por todos lados, pues no las dejaban descansas ya que eran para trabajar, otro obstáculo para su restauración.
No ocurre así con Vespa, que gracias a su diseño eran motonetas para mujeres, pues al frente tienen el suficiente espacio para acomodarse la falda, con poco kilometraje y se guardaban. La identidad que pueden dar es ser una máquina de descanso o un tanto afeminado, eso sí con boina para parecer italianos.
Amistad: En el camino para restaurar la Islo haces investigación y conoces mucha gente que te platica de cómo eran en sus tiempos, y las historias vividas trepados en las motos que nacieron en Saltillo.
Al remover los recuerdos se crean lazos fuertes gracias al motociclismo.
No así con otros modelos, como Harley, quienes te invitan a “rodar juntos” y al ver tu moto la critican y la envidia aflora por sus chalecos sin mangas de quienes hacen de la marca su estilo de vida y que nos hacer recordar a Village People.
La satisfacción: al terminar el proyecto se siente que cada esfuerzo valió la pena. Al estar parado en la Expo, por ejemplo, mucha gente la señala y la hace recordar muchas cosas como el abonero que iba a cobrarle a la mamá y que traía una Islo, o la motocicleta donde aprendió a manejar y muchas sonrisas más, o darte una vuelta en la calle y que la gente te pare y te pregunte el modelo de tu moto, es más satisfactorio que el premio que te podría dar un jurado que al momento de calificar, pregunte “¿Cómo salió esa moto?”, ¡por Dios es la historia de su país, de su gusto, afición!, ¿y no conocen las bases?
Por ello, decido restaurar Islo, y para descansar quizá una japonesa, de las cuales cada modelo tiene su atractivo, “esta es la que le rompió el mercado a la inglesa”, “esta la que puso el doble disco de frenado” cuando todo esas máquinas son copia, es decir fusilamiento, todas estorbosas y feas, mejor de estas no.
Prefiero las Islo, orgullosamente mexicanas… ¿y tú?