Las motocicletas, alternativa al tránsito

 LAS MOTOCICLETAS, ALTERNATIVA AL TRÁNSITO.

Acontecimientos recientes, así como declaraciones de autoridades del Distrito Federal, han traído a colación el trato diferencial y desfavorable que reciben las motocicletas, como medio de transporte alternativo, en la Ciudad de México.

Como mucho de lo alternativo, de lo que no sigue la tendencia general, las motocicletas están rodeadas de falsas historias, de prejuicios y de sinrazones. Sus usuarios son retratados, por lo menos como imprudentes o temerarios y en el caso extremo, como locos, irresponsables y hasta propensos a la delincuencia.

 

La verdad es muy diferente.

 

Las motocicletas, por su pequeño tamaño, por sus dimensiones, por su maniobrabilidad y por su precio, son en todas las ciudades del mundo alternativas no sólo válidas y aceptadas, sino inclusive muy razonables, para el transporte cotidiano. Sus ventajas son muchas e innegables.

 

Son económicas, tanto para adquirirlas como para mantenerlas. Las de baja cilindrada pueden rendir hasta 25 kilómetros por litro, a plena carga. Son accesibles a capas sociales que no tienen en México recursos suficientes para comprar autos. Son duraderas, fáciles de reparar y de adaptar a las necesidades de cada usuario.

 

Son ecológicas. Liberan cargas de contaminantes al ambiente, considerando el número de usuarios, así como el número y distancia de los recorridos, hasta 20 veces menores que las que genera un automóvil. Los motores de dos tiempos, sobre todo los antiguos, en los que el lubricante se agregaba al combustible y se quemaba en el cilindro junto con él, han dado una mala imagen a las motocicletas debido a sus fumarolas de vapores azules. Esos motores, ya modernizados y equipados con la moderna inyección de combustible, han incrementado su eficiencia hasta convertirse en los motores mas potentes y eficientes por unidad de peso, de todos los vehículos de combustión interna. Los motores de cuatro tiempos, con bancos de carburadores o con inyección electrónica, superan en todo a los motores de los automóviles.

 

Las motos son prácticas y ágiles. Su peso y maniobrabilidad, les permiten circular en espacios en donde no puede pasar un auto. Transportan al usuario, ya sea uno o dos por vehículo, en lugar de transportar su propio peso. Ocupan muy poco espacio de estacionamiento. Dañan menos las carpetas asfálticas debido a su bajo peso.

 

A pesar de su tan discutida falta de seguridad, no puede negarse que el número de accidentes de motocicleta no es proporcional a la fracción que corresponde al dividir el número de motocicletas entre el número de automóviles.

 

Quizá por las mayores dimensiones de los automóviles, por la falsa seguridad que dan , por la falta de pericia de los conductores o por el hecho de que frecuentemente van muy distraídos, el hecho es que los autos chocan proporcionalmente más.

 

Es un hecho que una gran cantidad de accidentes de motocicleta no son tales, sino son percances en que participan automóviles o camiones, por un lado y motocicletas por el otro y en una proporción notable no es el motociclista el responsable, aunque si la víctima. En países como los Europeos o algunos Asiáticos, en que predominan los vehículos de dos ruedas, los accidentes de tránsito son comparativamente menores y los que ocurren son mucho menos graves.

 

En este tema hay un punto que frecuentemente se ignora, que es el del daño a terceros. Los automóviles, manejados mal, distraídamente, irresponsablemente o bajo el influjo de alcohol o estupefacientes, son terribles armas mortales. Un conductor malo que atropelle, embista o golpee personas, edificios, mobiliario urbano u otros vehículos, lo mas probables es que cause más daño a otros, en sus bienes o en sus personas, de los que puede causarse a sí mismo. Las motocicletas u motonetas, sobre todo las de baja cilindrada no son así. No tienen el mismo potencial de destructividad, de dañar al prójimo que tienen los automóviles.

 

Un mal conductor de motocicleta, lo más probable es que se lesione más a sí mismo que a los demás, en un accidente. La conciencia de eso lo obliga a mostrar un estilo de conducción comparativamente mejor que el del automovilista promedio.

 

Las motocicletas juegan ya un papel vital en la sociedad.

 

A pesar del clima de desinformación que rodea a esos vehículos, las motocicletas siempre han sido parte imprescindible de la sociedad, pues permiten proporcionar servicios de comunicación que no están accesibles a otros vehículos.

 

Los agentes de tránsito o policías, ya sea preventivos, judiciales o federales, las emplean, como medios para seguir a sospechosos por rutas y a velocidades tales que, de emplear otro vehículo, permitirían que los transgresores escaparan. Su movilidad les permite ser las escoltas tradicionales de desfiles, caravanas y dignatarios.

 

Recientemente, las compañías aseguradoras y algunos servicios de asistencia de emergencia, emplean motociclistas como ajustadores y auxiliares mecánicos o de primeros auxilios, ya que en caso de accidentes el tránsito se bloquea y las únicos que pueden atravesar y transitar rápidamente son las motocicletas.

 

En la Ciudad de México, al igual que otras grandes urbes, se han establecido alrededor de radiodifusoras o inclusive televisoras, redes de vigilancia y reporte del estado de las vialidades que dependen fundamentalmente en las motocicletas, que de nuevo pueden atravesar los congestionamientos de tránsito. Conforme aumentan éstos, esos servicios se han vuelto vitales para muchos conductores, al proporcionar alternativas de circulación. Esas redes de complementan con helicópteros que pueden vigilar desde el aire, pero que a un costo de más de un millón de dólares por unidad resultan muy caros de adquirir y de mantener. Frecuentemente el primer reporte proviene de un motociclista y el helicóptero completa la información.

 

De igual manera, muchos reporteros de radio y televisión se desplazan en motocicletas, que les permiten llegar al sitio de los acontecimientos con gran oportunidad.

 

Un uso de lo más tradicional u quizá el más conocido de las motos, es el que hacen carteros y empleados de empresas privadas de mensajería, repartidores de periódicos o de revistas de suscripción, repartidores de pizzas y comida rápida, comida china u otras viandas, al igual que repartidores de refacciones y otros bienes de pequeño tamaño, repartidores a domicilio de despensas o abarrotes, o mensajeros privados que llevan documentos urgentes.

 

Valdría la pena reflexionar sobre la cantidad de negocios que no se hubieran efectuado si un repartidor no hubiera entregado a tiempo prospectos o contratos, citatorios o garantías. Esos mensajeros o empleados de empresas de correo documental, llegan a tiempo porque viajan en motocicletas.

 

Muchos automovilistas se quejan de ellos, sin ponerse a considerar que la prisa es parte de su trabajo y que no son los propios motociclistas los que imponen su estilo de conducción, sino sus jefes que les dictan tiempos de entrega extremadamente breves. Esos automovilistas, que hablan de espejos arrancados sin considerar que si un motociclista choca con un espejo, lo mas probable es que pierda el control de su vehículo, deberían pensar que muchos de lo que reciben sería imposible sin esos mismos motociclistas que pasan veloces a su lado, jugándose el pellejo para proporcionar un servicio.

 

La motocicleta es el transporte del futuro.

 

La cantidad de usuarios de motocicletas y motonetas está aumentando enormemente, al grado de superar en porcentaje al ya de por sí gigantesco crecimiento del mercado automotriz. Este fenómeno se ha acentuado desde la introducción de vehículos chinos de costos muy reducidos, que pusieron al alcance del mexicano de escasos recursos un medio para moverse en la ciudad mas poblada del mundo. Muchos de ellos no tienen experiencia suficiente e ignoran el uso del casco o del equipo de protección, es cierto, pero la experiencia terminarán por adquirirla y el casco y otras protecciones vale la pena imponerlos en un Reglamento.

 

Pero a diferencia del crecimiento acelerado del mercado automotriz, el crecimiento del parque motociclista no pone en jaque la capacidad de las siempre rebasadas avenidas, viaductos, ejes viales, calles, distribuidores viales, periféricos y demás obras con que cuenta la Ciudad. Todos podemos ver que aumentan los embotellamientos en todos los rumbos de la zona metropolitana de la ciudad de México, hasta un nivel increíble. El tiempo que se emplea en transportarse se alarga en lugar de disminuir, a pesar de los millones y millones de pesos que se emplean en construir obras que son saturadas en cuanto se inauguran. Hacen falta sitios de estacionamiento en colonias céntricas a un grado tal que uno puede transitar por las calles por cuadras y cuadras sin hallar un solo lugar vacío.

 

El programa Hoy no Circula solo propició el crecimiento desmedido del parque automovilístico, al forzar a la compra de un segundo carro, frecuentemente en peores condiciones mecánicas que el primero, sólo par poder circular el día que aquel descansa. La apertura de fronteras, que abarata los autos de segunda mano, ha contribuido a este aumento, como lo ha hecho el crédito bancario, que es prohibitivo para las empresas productivas, pero que abunda para el consumo, en particular para la compra por particulares de automóviles nuevos.

 

Cuando la ciudad tenga tantos carros que la circulación por fin se colapse, los únicos que podrán circular serán los motociclistas. Si esto es así, ¿porqué se mantiene una política oficial que castiga el uso de motocicletas?

 

El nunca declarado odio hacia los motociclistas.

 

El Reglamento de Transito del Distrito Federal prohíbe el acceso a motocicletas a las vías primarias. No hay una razón expuesta para ello. Ese reglamentación ignora el principio constitucional de libre tránsito. Podría argumentarse que las motocicletas son lentas y por ello corren el riesgo de obstruir el tránsito o de ser embestidas en las vías rápidas, pero esto es verdad sólo en el caso de las motonetas (y no todas) o de ciertas motocicletas de baja cilindrada o quizá en mal estado. Un porcentaje alto de las motocicletas de cilindrada media y alta tienen capacidades de aceleración muy superiores a los autos, inclusive a las de algunos autos deportivos. Pueden mantenerse dentro del tránsito de esas vías sin ningún problema, ya que de hecho, salen a carreteras en donde las velocidades permitidas son mayores.

 

Este es sólo uno de los ejemplos del trato injusto que recibimos quienes manejamos motos. Otro ejemplo es el programa Hoy no Circula, que saca de circulación un día a la semana a todas las motocicletas de modelos tres años atrasados o más, para el caso de motocicletas de trabajo (de empresas) o de modelos seis años atrasados o más, para el caso de motos privadas. Esto se hace indistintamente de su estado mecánico, es decir de manera justa o no, simplemente porque los equipos verificadores no tienen capacidad de revisar las motos. La medida de hecho significa una verificación sin verificación, por absurdo que suene. Hace unos meses era peor, ya que una motocicleta nuevecita y en perfectas condiciones de afinación, de todas maneras debía dejar de circular un día a la semana.

 

El injusto pago de tenencias, es otro ejemplo más. La tenencia de un solo año puede llegar a ser el 5% del costo de la moto, en grandes cilindradas que son clasificadas como de lujo. Pagan lo mismo de tenencia un auto que cuesta $300.000 pesos que una moto que cuesta la mitad. Este impuesto desproporcionadamente alto es inclusive anticonstitucional, pues viola el principio de tributos iguales para servicios públicos iguales. Si la tenencia sirve para sufragar los gastos de mantenimiento de calles y avenidas, es obvio que la motocicleta emplea en una proporción mucho menor esas calles y avenidas, dado su menor peso. Nuestra tenencia debería ser menor también.

 

Este absurdo en la imposición de cuotas también se presenta en el cobro en carreteras de cuotas a motocicletas y automóviles. Por regla general una motocicleta, con un peso combinado entre vehículo y pasajero de 350 kilos, con dos ruedas y con una capacidad de deteriorar la carretera en mucha menor proporción, paga lo mismo que , por ejemplo, una camioneta para siete pasajeros, con un peso combinado de 2000 kilos y cuatro ruedas.

 

La política de las aseguradoras es otro caso. El seguro de una motocicleta nueva, para un año, puede acercarse al 10% de su valor. Los deducibles son altísimos y muchas aseguradoras se niegan a asegurar al conductor, sin considerar su experiencia o su historial sin accidentes.

 

El extremo de este odio nunca declarado, es la actitud de algunos, por suerte muy pocos automovilistas, que mostrando arranques de neurosis o psicosis dignos de tratamiento psiquiátrico, no dudan en aventarle el carro o darle un "cerrón" o alguna otra cosa similar al motociclista que pasa, aunque éste no le haga absolutamente nada. Por medio de algún extraño ejercicio mental, justifican sus acciones, verdaderamente criminales, con toda una sarta de percepciones equivocadas acerca de los motociclistas, incluyendo el que somos irrespetuosos, que les rayamos los carros, que les arrancamos los espejos, etc. personas como éstas son los receptores de los comentarios irresponsables de autoridades que deberían cuidar más sus opiniones, como son el Procurador de Justicia del D.F. y el Secretario de Seguridad Pública, de la misma entidad, que califican a los motociclistas de transgresores de los reglamentos y de causantes de accidentes.

 

Esos mismos funcionarios no dudarán en cambiar sus opiniones, aún si daño ya está hecho, cuando las crecientes pero siempre silenciosas masas de motociclistas del D.F. y su zona conurbada se decidan algún día a unir sus voces para exigir sus derechos.

 

Esto más pronto o más tarde sucederá. El motociclismo, como movimiento, como solución al transporte, como parte vital del tejido social, como modo de vida, inclusive, no se detendrá. Sólo puede crecer, dadas las circunstancias socioeconómicas. Ojalá y los usuarios de motocicletas no tengan que esperar a algún otro accidente penoso pero publicitado, como el que ocurrió recientemente, para expresarse. Ojalá y en ese accidente, entre los motociclistas que resulten víctimas, no nos encontremos, alguno de nosotros. Ojalá y no pase mucho tiempo.